Don Quijote y Sancho: las transformaciones de un complemento. Primera parte

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Autor: Cristian Arias

Durante el transcurso de El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha se aprecia un proceso de transformación de las personalidades de sus dos protagonistas principales. Queremos considerar estos cambios yendo sobre la cabalgadura del relato, mostrando la forma en que amo y escudero vivencian sus profundas metamorfosis, hilvanadas en el crescendo espiritual, intelectual y vital de don Quijote y su posterior debacle que culmina con la muerte de la locura.

Solitario, Don Quijote sale de su hogar con la misión certera de enderezar el mundo bajo la tutela de las más destacables hazañas leídas en las novelas de caballerías. Pero sus primeros intentos de justicia salen un tanto fallidos, toda vez que son embrionarias maniobras de un alma a la que le falta perfeccionarse con los menesteres necesarios en este arte. La sed de aventuras no es suficiente y necesitará un complemento, un dispositivo que active su voluntad y su valor. Ese dispositivo es su escudero, con quien hallará la razón de su existencia a través de la diferencia. El antagonismo esencial de caballero y escudero será la máquina que moviliza las aventuras y les otorga su sentido.

En los primeros episodios que nos regala Cide Hamete Benengeli, apreciamos a un poderoso batallador sediento de lucha, que embiste con rigor a gigantes y oponentes bajo la luz de la andante caballería. Esto lo lleva, claro está, a  no atender a la justicia mundana, a no comer ni dormir y hacer cumplir la honorable palabra, sobre todo aquella impuesta a los vencidos de ir al Toboso y presentarse ante Dulcinea. Por su parte, Sancho se presenta como la antítesis del valiente; es el cuerdo temeroso de la Santa Inquisición que prefiere de momento comer y dormir. Ya se aprecia la dicotomía entre el loco que vive la vida que leyó en los libros y el analfabeta que aplica la experiencia de la vida, el sentido de lo práctico.

Viene un momento de sosiego en el que aflora en don Quijote el espíritu de hermandad y de integración, aleccionado por la hospitalidad de los cabreros. Este ritual de fraternidad es el que permite la exteriorización de su razón de ser como caballero andante y su sacrificio y entrega en nombre de la justicia; es el momento en el que consolida su enamoramiento profundo a través del pensamiento. Pero ello no impide que su valentía y arrojo se hayan tornado en arrogancia que, al ser sopesada con la golpiza de los yangüeses, encuentra un punto de quiebre en el dolor. Sancho, quien ha demeritado por completo el ritual de la fraternidad a cambio del vino y el sueño, nos da, sin embargo, una muestra de la profunda influencia que en él está ejerciendo su amo, al manifestar públicamente y de corazón que todo lo que don Quijote dice es verdad. Esta nueva fe de hermano es la que lo anima a acometer ciegamente a los yangüeses, aunque después le pese en los huesos y se convenza de su verdadera falta de valentía, de ser un hombre pacífico, un padre de familia.

En la venta todo marcha en armonía con las leyes de caballería y como era de esperarse ocurre un trágico encantamiento que se materializa a través del dolor. Es el dolor el nuevo dispositivo que hilvanará el hilo de esta historia hasta el final, impulsado por el valor, que hace que don Quijote acometa al ejército moro. Es el miedo el que permite que Sancho vea cabras y ovejas en vez de dos ejércitos enemigos. Es el dolor el médium para salvar a la humanidad de la maldad, del encantamiento. Pero el dolor de Sancho es el de la tristeza de ver a su amo vituperado por los golpes humanos. El de don Quijote es una purificación necesaria. Por eso, valor y dolor seguirán alentando a don Quijote a seguir atacando a todo aquel que no se sujete a sus razones. En la venta se fraguan las convicciones de Sancho, por lo que comenzará su debatir entre creer en los encantamientos o mandarlos al diablo como absurdas tonterías. La fe ganada en su amo lo hace convencerse de la posibilidad de la existencia de estos artilugios de la locura. Pero otra parte de sí le recuerda que todas estas aventuras sólo les han traído desventuras, de suerte que lo mejor sería volver a su pueblo y olvidarse de tanto disparate. El cuadro que se observa no puede ser más convincente: el amo golpeado, vapuleado, sin dientes, hambriento; y Sancho debatido entre la credulidad y la desesperanza, decepcionado, ultrajado, humillado, perdido y ahora tirado en el suelo socorriendo a su amo en medio de los vómitos mutuos. Y entonces ¿vamos a presenciar la eminente separación? En lo absoluto. Si bien el miedo es el elemento de disociación entre los dos, el dolor se transfigura en el estimulante para consolidar la unión indisoluble, de manera que ya no podrán separarse jamás. Con el nuevo matrimonio espiritual viene la fidelidad. Por eso Sancho decide acompañar a su amo a la posiblemente última aventura; o sea, decide sacrificarse con él. Afortunadamente el terror era sólo el golpeteo de los batanes. Ahora bien, con la fidelidad viene la confianza, a veces tan atrevida que su amo debe llamarle la atención para que lo trate con más respeto.

A estas alturas del proceso de metamorfosis, acaece en don Quijote un estado de conciencia de su yo interior al caer en la cuenta de que es un personaje literario, de que su vida está siendo escrita por un sabio que, a través de su escudero, le ha endilgado el apelativo de Caballero de la Triste Figura. A partir de este momento Don Quijote sabe que lo están leyendo, que están siguiendo sus andanzas escritas como personaje de ficción. Esto permite que, con la obtención del Yelmo de Mambrino, se configure aquello de lo que ahora no podrá prescindir: el deseo de fama y gloria, la única arma que los hará a él y a Sancho inmortales. Ya vemos con que ímpetu de fama quiso imitar a Amadís en la Sierra morena, rezando avemarías y escribiendo poemas en la corteza de los árboles. Pero Sancho, ¡ay Sancho! ¿Has donado el apelativo de Caballero de la Triste Figura desde lo físico, por el reflejo de tu amo en la sombra; sólo estimulado por la alegría de haber obtenido tu primer botín de guerra?

La tentadora misión de ir a combatir al gigante y de él recuperar el reino para la reina Micomicona, será la razón de ser una serie de tribulaciones que vivirán don Quijote y Sancho, sediento el primero de fama y gloria y de poder el segundo. Lo primero que vemos son los escarnios físicos y verbales que el amo propina a Sancho en razón de sus despropósitos verbales. Lo vemos reprendiéndolo a palos porque Sancho le recrimina el no querer casarse con la reina Micomicona por preferir a la inferior Dulcinea. Más tarde, en el castillo, convierte a Sancho en el mayor bellacuelo de España, ladrón, vagabundo y mentiroso por haberlo hecho dudar de la honestidad de su alteza Micomicona poniéndolo en la mayor confusión en que jamás haya estado. Pero Sancho reincide en la duda, pues ve a Micomicona holgándose con un tal Fernando. Y aquí fue el acabose:

¡Oh bellaco villano, mal mirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente!…monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! ¡Vete; no parezcas delante de mí, so pena de mi ira!

Aquí se apagan las luces para Sancho, quien debe admitir su bellaquería y atribuir todo al influjo del encantamiento que a él también lo está sacando del juicio. Hasta el manteamiento sufrido en la venta fue obra de encantamiento y la prueba está en que su amo no lo pudo vengar. La primera tribulación corresponde entonces a la confusión y la duda, de las cuales no está exento don Quijote ya que Sancho se las ha impregnado sin proponérselo. Esto lo hace que dude del éxito de su empresa en el reino Micomicón, sobre todo en una turbulenta época en la que dominan el arcabuz y la poderosa pólvora en detrimento de la espada y la lanza. La angustia existencial de don Quijote comenzará a partir de ahora, y no lo abandonará jamás. En medio de la comunidad española reunida en la venta, los únicos descoordinados son ese escudero y su anacrónico amo que, aunque da muestras de asombrosa lucidez, se encuentra solo y aislado por su condición de loco. Juntos son tenidos con cierta lástima y compasión, sobre todo Sancho, ahora preso en su fantástica confusión, en el eterno retorno del desengaño  y el engaño, de la desesperanza y la esperanza.5

Enjaulado parte don Quijote hacia un destino ajeno, amarrado a la idea de ir encantado, la única que le permite explicarse a sí mismo por qué no puede salir a salvar a los menesterosos.  Sin embargo su furor y su sed de combate siguen intactos; sólo era dejarlo salir de su jaula para ver cómo acomete al pastor y a la procesión de disciplinantes. Pero el golpe recibido le hizo pensar en la conveniencia de regresar a la jaula. Sancho, está claro, es un arma de dos piezas; no se vence jamás, no cree jamás. Sabe que su amo no va encantado y que todo obedece a una estratagema del cura y el barbero. Sólo que piensa que la artimaña se ha diseñado para impedir que su amo no cumpla la misión en Micomicón y que por tanto él no pueda ganar la ínsula prometida. Finalmente, con la aparatosa caída de su amo, se convence que lo apropiado es llevarlo a su aldea y curarlo, dejando las aventuras para una próxima oportunidad.

Mirada frente el espejo

Autor: Cristian Arias

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Foto: letrascualquiera.files.wordpress.com

  

Soy el alma que trashuma sin pasos
a un destino siniestro sin destino
y sucumbe en los caminos oscuros
donde la esperanza se esconde y nunca llega.

Soy la voz que brama en la distancia
sin orgullos ni sombras
sin huellas ni dichas
y siempre muere porque nunca suena.

Soy la mariposa etérea del destino
el dios más extraño, sutil y verdadero
socarrón burlesco y nostálgico
que ampara la historia
y un futuro sin presente.
El díscolo mundo yace bajo mis pies
y no logro alcanzarlo
y el destino dios burlón
vuelve a mostrar sus negros dientes
y me pregunto por qué ha muerto mi voluntad
¿Existe acaso la voluntad?

Soy la mirada de mujer que me espera
y espera a tantos miles.

Soy la hilera rebosante que tantos violan
cuando tantos procuran la feliz entrada
y los escrúpulos desaparecen
y la vergüenza reluce sin titilar.

Soy el lóbrego candil
que emprende una cacería contra el sol
y rendido vierte la esperma de sus lágrimas
en un suelo tragado de golpes y silencios.

Soy la avalancha de lodo incandescente
que derrite los sueños escondidos bajo las rocas.

Soy el tierno borracho
que a todos maldice y nadie entiende.

Soy el escabroso macho cabrío
que desparrama su lujurioso orgasmo
de sangre y semen
sobre el blanco mantel del altar
en la santa velada de la paz.

Y aún con todo
sigo mirándome
y no puedo menos de entender
que me esfuerzo por seguir viviendo.

Noviembre 15 de 2005

Continuidad de los parques

Por: Julio Cortázar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

En Final del juego (1956)

TRES CUENTOS CORTOS DE EDUARDO GALEANO

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PÁJAROS PROHIBIDOS

Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

— ¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?

La niña lo hace callar:

— Ssshhhh.

Y en secreto le explica:

— Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.

EL MUNDO

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. El mundo es eso -reveló- Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

LA HISTORIA DEL ARTE
Un buen día la alcaldía le encargó un gran caballo para una plaza de la ciudad. Un camión trajo al taller el bloque gigante de granito. El escultor empezó a trabajarlo, subió a una escalera, a golpes de martillo y cincel. Los niños lo miraban hacer.
Entonces los niños partieron de vacaciones, rumbo a las montañas o el mar. Cuando regresaron, el escultor les mostró el caballo terminado. Y uno de los niños, con ojos muy abiertos, le preguntó:
-Pero… ¿Cómo sabías que adentro de aquella piedra había un caballo?

La inocencia geocéntrica del “montañerismo” colombiano

Autor: Cristian Arias

Hace unos días compartí por Facebook la noticia de que el Impact de Montreal, un club de futbol canadiense, había llegado a la final de la Liga de Campeones de la Concacaf. Era muy grato e interesante comprobar cómo el Club de futbol más importante de la provincia donde vivo actualmente, había logrado llegar tan lejos. Un gran amigo bumangués inmediatamente respondió el enlace de una manera que considero típicamente colombiana: “Más audiencia tendrá un partido del Bucaramanga en la Z”. Esta respuesta puede simbolizar la creencia estereotipada de que, de Colombia para arriba, el futbol no significa gran cosa, mucho menos en un país como Canadá, de modo que de nada le valdría a ese “clubcito” ganar una copa de poca monta que no representará nada para el universo del futbol.

Quise decirle a mi amigo que si bien el futbol en Canadá no tiene la importancia ni el poder que en Colombia o en cualquier país suramericano, que es ínfima su popularidad respecto al Hockey –el deporte nacional- o a los deportes de invierno y que este partido no tiene la trascendencia de un clásico brasileño o argentino, los actuales triunfos del equipo montrealés merecen su importancia, habida cuenta que es cada vez es mayor la acogida y la popularidad de este deporte en el país norteamericano. Le quise mostrar que, contrario a lo que piensa, Montreal tiene dos impresionantes estadios de futbol por falta de uno y que hay partidos que han logrado la asistencia de más de sesenta mil espectadores. La idea general era que supiera que existe un interés creciente de los canadienses por el futbol –deporte que en España enterró la tauromaquia y ya invade el continente asiático en su totalidad- y que con la progresiva llegada de migrantes de todo el mundo se ha producido la apertura de más escuelas de entrenamiento, de suerte que el panorama promete ser diferente en un futuro no muy lejano. Los triunfos del equipo montrealés son una muestra de que en el futbol nada está escrito, nada es inmutable.

En cambio, este episodio me ha servido como una excusa para resaltar un asunto que siempre ha llamado mi atención: el de la percepción que tienen muchos colombianos de que el universo geográfico –cultural y físico- en el que viven es el mejor posible y que más allá de sus fronteras el edén imaginario se acaba. Esta inocente visión es la que ha permitido engendrar afirmaciones clásicas como aquellas de que Colombia es el mejor paraíso del mundo, de que nuestra ciudad es el mejor vividero, de que nuestra comida es la más exquisita, de que “nuestras mujeres” son las más bellas de la tierra, etcétera. Valorar y realzar el paisaje que habitamos es, en el sentido estricto, necesario, positivo y fundamental porque es lo que permite generar identidad con aquello que nos pertenece. Pero el error reside en estimar lo foráneo sin conocerlo y de manera automática –o sea, inconsciente- restarle su valor al equipararlo con lo nuestro. La frase “Más audiencia tendrá un partido del Bucaramanga en la Z” presupone que cualquier partido del equipo bumangués, así descienda hasta la categoría más ínfima, tendrá mayor trascendencia que la final que va a disputar el club canadiense. Afirmación no sólo despectiva sino falsa desde todo punto de vista, toda vez que, por ejemplo, el promedio de asistencia a los estadios en los que juegan los equipos norteamericanos miembros de la Major League Soccer – principal liga del sistema de ligas de fútbol de los Estados Unidos y Canadá – duplica el promedio de asistencia en los estadios colombianos, así cueste creerlo.

Los prejuicios preestablecidos que se transmiten culturalmente dentro del inconsciente colectivo, son los que han dado forma a las ya clásicas nociones colombianas de que los escandinavos son aburridísimos porque  habitan países fríos todo el año, mientras que nosotros somos la flor de la alegría y la felicidad; de que los alemanes son nazis y racistas por esencia, en tanto que nosotros somos el fiel espejo de la hospitalidad con el extranjero; de que todas las mujeres “no latinas” son horribles, mientras que aquí no hay “vieja fea”; de que en países como Canadá no hay fauna ni flora que valga la pena, solo renos y pinos; de que Ecuador es un atrasado “paisucho” repleto de indígenas, mientras que nuestra patria es ya una potencia emergente; en fin. Toda esta suerte de estereotipos inventados sin ninguna consideración, con la inocencia de quien repite lo que escucha y no se toma el trabajo de investigar, de indagar, de sopesar, lo único que logran es reproducir la ignorancia y, en casos extremos, alimentar las manifestaciones de violencia y segregación.

Compatriota colombiano, si eres de los que recrea este tipo de prejuicios: no dejes de amar tu país y sigue creyendo en lo que allí existe y estás ayudando a edificar; pero no te enfrasques en la necia idea de que las fronteras que habitas son la realidad mejor, la única y verdadera. El mejor regalo que te puedes dar es salir de tus fronteras imaginarias y darte cuenta de que hay otros paraísos posibles, otros manjares posibles y otras felicidades posibles. Sólo así tu espíritu se tornará más comprensivo, más abierto, te volverás más sabio, no tragarás entero porque has visto y comprobado que no era tan cierto lo que creías. Si aún no puedes hacer el viaje físico, comienza tu encuentro con el mundo a través del buen cine y la buena literatura. Lee libros de historia, de ciencias y antropología. Así, dejarás de ser el “montañero” inocente que juzga lo que no conoce y repite lo que escucha.

Québec, Canadá, 08 de abril de 2015

Kafka según Borges

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Caricatura: Alfredo Sabat

Celebramos los 100 años de La metamorfosis, el cuento largo más importante del siglo XX, con esta entrevista hecha a Jorge Luís Borges sobre el genio de Kafka, publicada en el diario El País en 1983.

Un sueño eterno

Por: Jorge Luís Borges. Julio 3 de 1983

Mi primer recuerdo de Kafka es del año 1916, cuando decidí aprender el idioma alemán. Antes lo había intentado con el ruso, pero fracasé. El alemán me resultó mucho más sencillo y la tarea fue grata. Tenía un diccionario alemán-inglés y al cabo de unos meses no sé si lograba entender lo que leía, pero sí podía gozar de la poesía de algunos autores. Fue entonces cuando leí el primer libro de Kafka que, aunque no lo recuerdo ahora exactamente, creo que se llamaba Once cuentos.

Me llamó la atención que Kafka escribiera tan sencillo, que yo mismo pudiera entenderlo, a pesar de que el movimiento impresionista, que era tan importante en esa época, fue en general un movimiento barroco que jugaba con las infinitas posibilidades del idioma alemán. Después, tuve oportunidad de leer El Proceso y a partir de ese momento lo he leído continuamente. La diferencia esencial con sus contemporáneos y hasta con los grandes escritores de otras épocas, Bernard Shaw o Chesterton, por ejemplo, es que con ellos uno está obligado a tomar la referencia ambiental, la connotación con el tiempo y el lugar. Es también el caso de Ibsen o de Dickens.

Kafka, en cambio, tiene textos, sobre todo en los cuentos, donde se establece algo eterno. A Kafka podemos leerlo y pensar que sus fábulas son tan antiguas como la historia, que esos sueños fueron soñados por hombres de otra época sin necesidad de vincularlos a Alemania o a Arabia. El hecho de haber escrito un texto que trasciende el momento en que se escribió, es notable. Se puede pensar que se redactó en Persia o en China y ahí está su valor. Y cuando Kafka hace referencias es profético. El hombre que está aprisionado por un orden, el hombre contra el Estado, ese fue uno de sus temas preferidos.

Yo traduje el libro de cuentos cuyo primer título es La trasformación y nunca supe por qué a todos les dio por ponerle La metamorfosis. Es un disparate, yo no sé a quién se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán. Cuando trabajé con la obra el editor insistió en dejarla así porque ya se había hecho famosa y se la vinculaba a Kafka. Creo que los cuentos son superiores a sus novelas. Las novelas, por otra parte, nunca concluyen. Tienen un número infinito de capítulos, porque su tema es de un número infinito de postulaciones.

A mí me gustan más sus relatos breves y aunque no hay ahora ninguna razón para que elija a uno sobre otro, tomaría aquel cuento sobre la construcción de la muralla. Yo he escrito también algunos cuentos en los cuales traté ambiciosa e inútilmente de ser Kafka. Hay uno, titulado La biblioteca de Babel y algún otro, que fueron ejercicios en donde traté de ser Kafka. Esos cuentos interesaron pero yo me dí cuenta que no había cumplido mi propósito y que debía buscar otro camino. Kafka fue tranquilo y hasta un poco secreto y yo elegí ser escandaloso.

Empecé siendo barroco, como todos los jóvenes escritores y ahora trato de no serlo. Intenté también ser anónimo, pero cualquier cosa que escriba se conoce inmediatamente. Kafka no quiso publicar mucho en vida y encargó que destruyeran su obra. Esto me recuerda el caso de Virgilio que también le encargó a sus amigos que destruyeran la inconclusa Eneida. La desobediencia de estos hizo que, felizmente para nosotros, la obra se conservara. Yo creo que ni Virgilio ni Kafka querían en realidad que su obra se destruyera. De otro modo habrían hecho ellos mismos el trabajo. Si yo le encargo la tarea a un amigo, es un modo de decir que no me hago responsable. Mi padre escribió muchísimo y quemó todo antes de morir.

Kafka ha sido uno de los grandes autores de toda la literatura, Para mí es el primero de este siglo. Yo estuve en los actos del centenario de Joyce y cuando alguien lo comparó con Kafka dije que eso era una blasfemia. Es que Joyce es importante dentro de la lengua inglesa y de sus infinitas posibilidades, pero es intraducible. En cambio Kafka escribía en un alemán muy sencillo y delicado. A él le importaba la obra no la fama, eso es indudable. De todos modos, Kafka, ese soñador que no quiso que sus sueños fueran conocidos, ahora es parte de ese sueño universal que es la memoria. Nosotros sabemos cuáles son sus fechas, cuál es su vida, que es de origen judío y demás, todo eso va a ser olvidado, pero sus cuentos seguirán contándose.

Ante la ley

Franz Kafka
(Praga, 1883 – 1924)

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita  que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
—Tal vez —dice el centinela— pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
—Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.
Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:
—Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para si. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
—¿Qué quieres saber ahora?-pregunta el guardián-. Eres insaciable.
—Todos se esfuerzan por llegar a la Ley —dice el hombre—; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?
El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:
—Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

El encantamiento de Don Quijote y la liberación de las cavernas

El encantamiento de Don Quijote y la liberación de las cavernas

Autor: Cristian Arias 

En estos momentos me encuentro viendo a Don Quijote de la Mancha encerrado en la venta, una rústica posada situada en un camino cualquiera de la España rural, en espera de las órdenes de la princesa Micomicona para salir a liberar su reino de las garras del gigante usurpador. Es la segunda vez que se encuentra en aquel sitio, considerado por él un castillo encantado, ya que, para su mala suerte, allí sólo le suceden desgracias e infortunios. Ávido, devoro las páginas en las que se narra su estadía en aquel paraje, y al llegar a la cúspide argumental que se instala en la legendaria pugna por saber el nombre y la esencia de dos cosas, la albarda y la bacía o, mejor, el jaez y el yelmo, es cuando encuentro un punto de quiebre, una tenue luz que me señala un derrotero para comprender el intrincado sentido de la sinrazón, ese enunciado simbólico que abre el telón de la historia y la acompaña hasta el final. Aquella luz macilenta logra mostrarme que el castillo encantado no es ni más ni menos que una de las más lúcidas pero enigmáticas metáforas que arroja el sabio creador de esta historia. A través de este vehículo, el sabio nos encamina hacia el trasegado universo de las múltiples posibilidades, de los espejos enfrentados, de las complejidades de la representación. El encantamiento sufrido por Don Quijote sólo se puede entender a través de las acciones y pensamientos de todos los demás personajes, los cuales, valga decirlo, protagonizan su propio encantamiento, pero por vía inversa al Hidalgo. Y de entre todos, sólo nuestro héroe lograr vivir un ritual de desencantamiento y alcanza la liberación, como si fuese aquel hombre de la alegoría platónica que logra salir de la caverna para encontrarse con el mundo inteligible. Y es a partir de allí cuando yo, como lector, vivo mi propia catarsis y experimento mi liberación; esto es, la comprensión.

El encantamiento es un estado; es el resultado de las acciones ejercidas por agentes externos. Para el caso de Don Quijote el encantamiento es el producto de la violencia física y moral ejecutada de manera cruel a su persona con el propósito de quitarle todas sus libertades, su valía, su esencia. Si bien la mayor visibilidad de la violencia y la crueldad se encuentra en el dolor físico sufrido por Don Quijote a causa de las ataduras de la criada Maritornes y la de aquellos que lo enjaularon, este tipo de encantamiento es soportado con estoicismo por nuestro caballero andante al considerarlo una prueba más de su destino; la misión moral que tiene que cumplir. Pero los golpes que más hieren al Caballero de la Triste Figura son aquellos dados por sus interlocutores cuando deslegitiman sus opiniones, sus acciones y sus exhortaciones justicieras. Al carecer de la capacidad de interpretar y comprender su mundo, todos entran en confrontación con él; y siendo que no están a la altura de enfrentar sus ideas, terminan utilizando la burla como el recurso facilista para evitar la angustia de la libre interpretación. Los tormentos físicos que Maritornes y la comitiva liderada por el cura y don Fernando infligen a Don Quijote, vienen legitimados por el tormento moral: la burla, que viene siendo el verdadero encantamiento; la máxima manifestación de la deslegitimación y la violencia moral.

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Pero Don quijote logra salir de su encantamiento con base en su propia doctrina, en la certeza de su sinrazón, al tener la capacidad de navegar en dos mundos posibles: la ficción como lo real y lo real como la ficción. El genio Cervantes reinventa la alegoría platónica para mostrarnos la forma en que Don Quijote sale de las cavernas del mundo real y cotidiano para buscar la verdad a través de sus aventuras. El regreso a la venta es el retorno a las cavernas, sitio en el que resulta encantado por la sinrazón de los demás, ya que estos responden con burlas e incomprensiones su representación del mundo que ha experimentado al salir a la luz. Como los hombres aprisionados que sólo ven la realidad a través de la proyección de las sombras en la pared, los ocupantes de la venta no consiguen comprender la exhortación de don Quijote a salir a ver la luz del mundo verdadero; que es el mundo de las múltiples posibilidades. Pero, sin proponérselo, los encadenados prisioneros de su propio encantamiento le otorgan a Don Quijote las herramientas de su propia liberación al hallarle la razón a su sinrazón. Esto se percibe cuando le permiten reafirmar su representación del mundo a través de la certeza de que la bacía es en realidad un yelmo y de que la albarda es un jaez. Al crear todo un universo inesperado de pugna y de confrontación de ideas, en el que unos se ven enfrentados al terror de la imaginación en las ventanas de su propia realidad y otros se encuentran legitimando la sinrazón de nuestro Caballero andante, los burladores promueven el clímax y el desorden dionisíaco, la catarsis en la que nuestro héroe sale liberado de su encantamiento, mientras los demás siguen golpeándose por la razón o la sinrazón. El triunfo de Don Quijote ya está consumado.

Don Quijote ha logrado salir del encantamiento y a la vez del castillo. Libre en su mundo de ficción, sigue su destino por la libertad y la justicia pese a ir maniatado y enjaulado. Ya dijimos que en el real mundo de la ficción quijotesca, el enjaulamiento es una prueba necesaria. Pero los demás continúan su burla, prisioneros en la caverna de su propia sinrazón, viendo como verdaderas las proyecciones que observan en la pared e ignorando cuán grande es el mundo inteligible que don Quijote recorre. Pero, ¿cómo explicar entonces que Don Quijote salga de la venta con la certeza de que sigue encantado, pues es la forma simbólica para advertir su incapacidad de ayudar a los menesterosos? Es que su liberación, su desencantamiento y su triunfo se lo he otorgado yo, desde el momento en que me liberó a mí.

Cómo no darle tregua y razón a quien me ha contrapuesto los espejos para indicarme que las cosas que existen no son solamente aquellas que vemos sino sobre todo las que creemos que son, las que pensamos e imaginamos. Por lo tanto, lo existente se instala firmemente en el universo de mis representaciones de manera que soy yo quien puedo de manera individual asignarle nombres y cualidades propias. Siendo la representación individual una posibilidad dentro de un universo infinito de posibilidades, don Quijote nos está mostrando que los absolutos no existen; que nada es tan verdadero para que no pueda ser puesto en duda. ¿Y cuál es el fin de su didáctica sino el de la duda? Voy de la mano de quien me ha invitado a dudar; dudar de las apariencias de las cavernas para salir a buscar la luz de la libre interpretación. Ahora que han pasado tantos y tantos años me acerco a su tumba y leo su epitafio que me exhorta: “juzga, porque tú tienes el libre albedrío. Duda y crea tu propia verdad”. Entonces, es cuando vuelve a mi mente aquella frase enigmática que pronunció en la venta en medio de la confrontación por la albarda y la bacía, que nadie pudo comprender:

Sólo lo dejo al buen parecer de vuestras mercedes. Quizá por no ser armados caballeros, como yo lo soy, no tendrán que ver con vuestras mercedes los encantamentos deste lugar, y tendrán los entendimientos libres, y podrán juzgar de las cosas deste castillo como ellas son real y verdaderamente, y no como a mí me parecían. 

¡Gracias maestro, infinitas gracias! No puede haber más honestidad y humildad que en esta frase. Yo, que también estaba encantado, ahora me ha liberado el Caballero de la Triste Figura.

Juntacadáveres, una novela existencialista de Juan Carlos Onetti

Juntacadáveres, una novela existencialista de Juan Carlos Onetti

Autor: Cristian Arias

Juntacadáveres, la onceava novela de Juan Carlos Onetti publicada en 1964, es el relato intercalado a dos voces – la de Jorge, el personaje principal y la del narrador omnisciente-, que da cuenta de los comportamientos y pensamientos humanos desatados en la pequeña ciudad portuaria de Santa María a raíz de la instalación de un pequeño burdel. El foráneo Larsen, un empleado del diario local, finalmente cumple el sueño postergado por años de instalar un prostíbulo gracias a un juego político, cuyas consecuencias recaen sobre la calmada cotidianidad de la ciudad. Larsen trae a tres mujeres veteranas en el trabajo de la prostitución, quienes se encargarán de atender las necesidades de la clientela anónima del burdel instalado en las afueras de la ciudad. Algunos de los hombres más prestantes de la ciudad y las organizaciones piadosas alentadas por el cura Bergner se disponen a luchar contra este flagelo demoníaco que parece quedarse para siempre, derrotándolo y expulsándolo merced a otro juego político.

Pero en este relato las acciones políticas, las de los fraguadores del ataque en pro de la virtud, las de Larsen y las prostitutas, son casi anónimas. Sabemos que el prostíbulo funciona, pero esto apenas lo vemos de forma tan borrosa como el rostro de Irene y Nelly, dos de las mujeres del burdel. En vez de acciones contundentes que evidencien los cambios a raíz de la instalación del prostíbulo, lo que encontramos es voces; voces internas y meditaciones existenciales por medio de las cuales pasa la trama y se desarrollan los hechos. Los diálogos son cortos y concretos y finiquitan hechos precisos y tangibles. Pero con los diálogos campea intercalada la meditación existencial que otorga el distintivo principal a esta novela: la de una profunda reflexión en la que los personajes principales y el mismo narrador omnisciente, auscultan sus propias cavidades internas, motor sin el cual la historia, la trama, el desenlace, no pueden desenvolverse.

Al tener que pasar las acciones por el prisma del individuo narrador,- llámese narrador omnisciente o Jorge- por su tranquilo mundo descriptivo, la trama se mueve lenta, parsimoniosa, en un ambiente ciertamente sombrío y pesimista, ya que no otorga otra posibilidad que la de resaltar la desazón, la fealdad, el peso de la existencia humana. De principio a fin el relato nos muestra el lado grotesco de la vida, desde la llegada de aquellas prostitutas de sonrisa desganada que tendrán que rebuscar “palabras sucias para imponer normalidad al mundo”, hasta el suicidio de Julita, el frenético amor de Jorge. La trama que nos regala Onetti es la que crean todos esos personajes que en vez de sonreír muestran sus dientes, que miran con odio, que preguntan con brusquedad, que sólo emiten ruidos insinceros o que sienten la sensación del suicidio “con una cariñosa curiosidad”.  Y el paisaje que los acompaña es casi vacío, taciturno, luctuoso.

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Retomando la explicación de las acciones de los personajes en contraposición a las voces meditativas y las descripciones profundas, podemos colegir que la novela se estructura a través del manejo de dos tiempos. Por un lado, apreciamos los tiempos largos por los cuales pasa la trama sin el menor detenimiento, como una aceptación tácita y concreta de la historia. Es así que nos encontramos observando a unos personajes definiendo la creación del burdel, cuando, poco más adelante y como un hecho concreto, éste ya se encuentra funcionando. Y así como llegaron las mujeres, las vimos muy poco y como tal se marcharon. Todo esto se da sin el menor atisbo de detenimiento o explicación. Resulta interesante resaltar que en estos tiempos largos se desarrollan acciones concretas y cortas, con diálogos de igual intensidad. Y dentro de estas largas duraciones se instalan los momentos de detenimiento, de muy corta duración temporal pero que ocupan el grueso textual de la novela. Se trata de los tiempos en los cuales los personajes están hablando consigo mismos, ya sea a través de su propia voz o por medio de la voz del narrador omnisciente. Esta estructura es contraria a la anterior, pues si bien ocupa un corto momento espacio-temporal dentro del ambiente interno de la novela, es a su vez de una larga duración, en tanto que el narrador o personaje meditador se detiene en reflexiones y detalles descriptivos.

El resultado, un enlazamiento de acciones y diálogos concretos y de descripciones y meditaciones largas, en el que se da cabida plena a la auscultación de los pensamientos más profundos en los cuales campea a plenitud el dolor, el aburrimiento, la incertidumbre y el desamparo. Estos instantes del ser se aprecian principalmente en Jorge, cuyas tribulaciones internas imprimen una imponente carga poética a la novela. En contraposición a su figura, se erige lo grotesco y brutal, la estupidez del razonamiento normativo que representa Marcos Bergner. Y en medio de los dos se encuentra Junta, que es el mismo Larsen o Juntacadáveres, el personaje que inspira esta historia, cuya vida frustrada se mueve en el eterno retorno de la desesperanza y lo inconcreto. Juntacadáveres, Díaz Grey, Jorge o María Bonita, padecen el mismo influjo existencial, pues sus vidas se debaten irremediablemente más allá del bien y del mal. La gran apuesta de la novela es mostrar la incapacidad humana para lograr la concreción de los hechos; la imposibilidad de la estabilidad, del orden, del bienestar esperado. Jorge jamás tendrá el amor, ni en Julita ni en María Bonita; como Larsen tampoco logrará la estabilidad en la concreción de su sueño. Ni Santa María tendrá historia ahora que no tiene el prostíbulo; porque la única posibilidad de que esta ciudad recobre su sentido es a través del desencuentro, de la confrontación y del odio, los cuales se dieron solamente en el efímero instante en que se soñó y se vivió un burdel. Pero el tren, ese delirante suspiro de la vida se ha llevado la existencia y no ha dejado nada.

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Esta obra maestra de Onetti que pertenece al círculo de novelas desarrolladas en la imaginaria ciudad de Santa María, nace de un hecho real, cuando el autor escuchó hablar del extraño personaje bonaerense “Juntacadáveres” apodado así porque se encargaba de conseguir prostitutas ya pasadas de edad desde que su negocio como proxeneta entró en decadencia. Su historia ha inspirado este profundo relato cercano al existencialismo francés, a Céline y a Sartre, pero enriquecido con las técnicas narrativas norteamericanas, las enseñadas por Faulkner principalmente. Mario Vargas Llosa considera que Juan Carlos Onetti no era un escritor disciplinado; no planeaba sus historias y escribía por trances, por períodos cortos de tiempo, a veces en pequeños papelitos que después unía. Y sin embargo, sostiene el nobel peruano, su narrativa no evidencia ninguna muestra de improvisación ni ligereza. Onetti siempre ha sostenido su anarquismo literario, su carencia de disciplina y método para escribir. Y particularmente ya había respondido a Vargas Llosa hace cincuenta años en un pequeño hotel de San Francisco cuando éste le argumentaba su disciplina diaria en su oficio de escritor: “Mirá Mario, lo que pasa es que tú con la literatura tienes una relación conyugal y yo tengo una relación con una amante”.

Técnica desbordante, pero con la disciplina del caos; profundidad e introspección existencial, con la racionalidad del pesimismo y el absurdo: eso es lo que nos ofrece Onetti con este trabajo literario que ha rebasado los cincuenta años.

Los cinco principios para hacer cine de Guillermo del Toro

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No deja de ser interesante y enriquecedor escuchar lo que los grandes artistas nos dicen acerca de su trabajo, la ética que los mueve para emprender un proyecto, o los demonios y obsesiones que los embargan. El turno es para Guillermo del Toro, el realizador mexicano de cuya mente nació la aclamada película El Laberinto del Fauno. Comparto el interesante artículo publicado por Canal Cultura:

Aprovechando el reciente lanzamiento de su libro Cabinet of Curiosities –cuyo contenido incluye una serie de entrevistas, fotografías de sus colecciones de objetos, extractos de sus cuadernos de trabajo y dibujos sobre sus ideas, influencias, planes y sueños acerca de cada uno de los universos que ha construido a lo largo de su filmografía– el realizador mexicano Guillermo del Toro comparte una serie de recomendaciones para hacer cine. Su ‘gabinete de curiosidades’ también funciona como una especie de guía para los aspirantes a cineastas.

  1. La historia tiene que profundizar en lo que eres.

Creo que el principal signo de una buena historia para ti es que tiene que dolerte. Hay que profundizar en lo que eres … Yo en broma digo que Hellboy es autobiográfica, pero en verdad lo es. La forma en que pienso acerca de mí mismo y mi forma de pensar acerca de mi historia con mi esposa, todo está allí, y El laberinto del fauno fue muy personal, hasta el punto que se lo mostré a mi esposa y ella se volvió hacia mí después de ver la película completa y me dijo: “¿Te sientes tan mal?” y yo dije, “Sí, me siento muy mal”. Si piensas en las películas, en términos de carrera o dinero o sólo en vender lo que los demás quieren, entonces  estás cometiendo un gran error.

2 . Aprende del pasado y dale un giro.

Lo peor que puedes hacer es pensar que estás inventando una nueva canción. Esto no sucede . Ya se ha hecho. Así que lo único que puedes hacer es darle tu propio toque personal . Y cuanto más sabes sobre lo que ocurrió antes, más posibilidades tienes de saber que sucederá después. Piensa por un momento en El Señor de los Anillos. Si Peter Jackson no hubiera sido fan de los filmes que producía Hammer, la textura de sus películas no sería lo que es. Si el estaba obsesionado con la fantasía y el drama histórico, algo de lo que posee El Señor de los Anillosseguramente no estaría ahí. Y eso no quiere decir que su filme se parezca a una película de Hammer.

3 . Recuerda, tú eres mejor siendo tú mismo que alguien más.

Mira a Mike Mignola (el creador de Hellboy) como artista. Puedes ver a Jack Kirby, puedes ver muchas influencias, pero Mike es Mike.  Y ahora recuerdo una frase de Hitchcock: “Especificidad más repetición es igual a estilo”. Esto me lo dijo Alejandro González Iñárritu, y no es la adulación o crítica , es sólo un hecho: “Tú eres mejor siendo tú mismo que alguien más”. Suena como uno de esos malditos libros de autoayuda y superación, pero es verdad.Soy un gran estudioso de Hitchcock . Escribí un libro sobre él cuando tenía 23 años. Estudié cada una de sus películas. Doy clases magistrales sobre él. Y todavía no puedo entender las cosas más esenciales que hacen que una película de Hitchcock sea una película de Hitchcock. Puedo hablar de esos elementos, pero no puedo reproducirlos o hacer que sucedan. Es como cuando eres joven y lees algo como Ray Bradbury, y crees que puedes copiarlo. Tú puedes utilizar ciertos adjetivos o las bellas metáforas que él empleó, pero no funcionan, las cosas no salen bien así.Uno de mis mejores amigos en la vida es Alfonso Cuarón. Vi Gravedad en un primer corte, leí el guión,  sé cómo lo hizo. Vi la película en diferentes etapas, y todavía no sé cómo se le ocurrió la primera idea. No puedo reproducir eso. Eso es suyo y sólo suyo.

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4 . Trabaja. Y mucho.

Mucha gente piensa que te sientas y escribes la gran novela americana en el primer intento. No. Mis dos hijas están muy inclinadas hacia el lado artístico, y hace algunos días conversaban sobre aquello que escriben y que no les gusta. Mi hija mayor dijo: “Sí, pero tienes que escribir a través de la basura para llegar a las cosas buenas”. Me encantó que llegara a esa conclusión porque así es.Hay dos tipos de escritores. Aquellos que se levantan cada día y dicen: “Voy a escribir durante dos horas, y luego me voy a ir a trabajar a Kinkos, donde tengo un trabajo.” Y yo era de ese tipo. Tenía un trabajo real, mientras me las arreglé para hacer una película. Así que en la mañana escribía durante dos horas y luego me iba a trabajar al banco o al sector inmobiliario. Para ese tipo de escritor, es sumamente valiosos lo que haces en esas doshoras.El otro tipo de escritor es aquel que la mayoría de las veces dice: “Voy a tomar el sábado y el domingo para escribir”. Y terminan navegando por la web invirtiendo ahí el 80% de su tiempo, y el 10% escribiendo algo que termina por no gustarles. Y vuelven a eso hasta la semana siguiente. Escribir es algo que debes hacerlo todos los días, ya sea en una computadora o en un cuaderno, pero los pensamientos deben plasmarse en el papel.Tengo tantas cosas que he escrito, el libro se concentra en varios de los proyectos, pero he escrito o co-escrito 22 guiones, y sólo he realizado nueve películas. Eso significa que hay 13 proyectos que no han sido producidos. Uno de ellos es Mountains of Madness.

5 . No te preocupes por vender. Preocúpate por realizar.

Creo que en el pasado, en los años 50 y 60, después de los existencialistas y los beatniks y el movimiento hippie, el gran problema era, “no te vendas”. Vivimos en una sociedad que, en virtud de la velocidad en que nos comunicamos, todo se vende. El peligro es comprarlo todo; estás más preocupado por que tu idea tenga mucho éxito en lugar de invertir esfuerzos en sólo hacerlo. Son dos polos opuestos, y mi sensación es que debes buscar realizarlo. No debes medir tu valía en lo mucho que tienes o en lo popular que eres, sino en lo feliz que eres con lo que haces.En mi caso, en algún momento me ofrecieron realizar algún filme para Marvel, y me quedé pensando: “¿Hago El laberinto del faunoo debo hacer el filme para Marvel? Si hago una película más grande y aplazo mi proyecto  tendré mucho dinero, un auto de lujo que pasará por mí todas las mañanas, boletos y reservaciones de primera clase, y todas esas cosas, entonces no podre hacer mi película, y quizá nunca pueda hacerlo, y no quiero eso”.Yo estaba feliz de no haber ganado un Oscar por El laberinto del fauno. Ese filme se estaba convirtiendo en un lugar tan emblemático para mí, y yo quería un poco de libertad. Dije: “Si gana, tendré que seguir haciendo eso de nuevo”. Y me sentí aliviado. Es una metáfora perfecta; al final de la noche, le dije a mi esposa: “Mis zapatos están muy apretados. Me duelen los pies.” Y el gran alivio de aquella noche llegó cuando me estaba quitando los zapatos y camine en calcetines al coche. Así que en cierto modo, ganar puede convertirse en un zapato que está demasiado apretado y es posible que alguien no lo quiera.Creo que he visto el éxito como algo que puede ser muy desconcertante, y el mundo está lleno de primeros cineastas que no logran hacer una segunda película por preocuparse en hacerla a la perfección, ya que su primera película fue un éxito. Tuve la bendición de hacer mi primera película y luego hacer Mimic, así que no hubo duda que podía fallar.